Al final del pasillo y en mi revolver
hay un segundo de hombre
que no puedo soportar,
salgo cojeando de mi hembra
que viene de perderse de su hembra,
me santiguo maldigo mi pantalón
y al hombre que se santigua conmigo,
mi pantalón no es otra cosa que mi mujer,
ella se parece tanto a mi madre,
ella es mi madre,
tiene una esquina llorada
yo la lloro aquillá,
debo matarla pero no,
a mi madre no le duele la muerte
le duelen los años,
nunca quiso vivir a los cuarenticinco
nunca quiso morir a los cuarenticinco
pero ella se le parece tanto y yo
ya no soy el niño de su vientre
ni siquiera el hombre
que tiene ahora entre sus piernas
pero ella se le parece tanto…
soy al final del pasillo
insufrible masa arrojada y esquizoide…
carroña de alguna creación impura.
03/06/07 ·
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Autor:
Raul ·
Todo esto que escribo ya no es mío,
nunca lo fue,
he muerto seguramente después de haber
sido un viejo transeúnte,
un maniático comprador de libros,
a mi velorio quizá asistan mis amigos,
les ruego no vistan trajes oscuros ni
lleven corbatas,
no traigan flores, menos palabras de pesar,
ni se les ocurra escribirme poemas póstumos,
les prohíbo visitar mi tumba
sobre todo los domingos de fiesta,
no intenten limpiarla, tampoco
santiguarse o rezar por mi atribulado espíritu,
solo déjenme descansar esta noche
que ya tuve bastante con la vida…
03/06/07 ·
·
Autor:
Raul ·
"Testimonio"
Al principio cuando los años transcurrían lentos y solitarios
creía que la vida era hermosa
que mis pesadillas eran pasajeras
y terminarían con los abrazos de papá y mamá,
yo jugaba tras los muros de mi niñez y en los acantilados
juegos que no eran propios de mi edad
la conciencia me despertó una mañana con el frío de sus preguntas
y con la conmoción de su certeza,
me costó trabajo ir tras una pelota
siempre con el miedo detrás mío,
corría y corría con la aparente inocencia de un niño
escapando de todo cuanto sabía
de la trágica película proyectada a mi alrededor,
así supe de a pocos que por las noches
mientras intentaba conciliar mis sueños
otros se mataban cotidianamente,
siempre supe que en los laberintos de mis desenfrenadas carreras
por entender el mundo
ellos se dormían para continuar mis pesadillas por las mañanas,
ahora cuando esos años se han ido
yo siento que no me reconozco
que cada mañana soy alguno que quise o no quise ser,
aun conservo
el recuerdo de ese niño que fui
corriendo tras una pelota al pie de los acantilados
solo y algunas veces feliz
con la certeza de saber ahora que cuando el día acababa
y las pesadillas volvían nuevamente
un beso de ambos hubiera bastado para salvarme.